descubrí al ciego, petrificado en su lugar, en el instante preciso, visual y matemáticamente exacto, en que le miraba el culo a una misteriosa mujer vestida de negro. ella y yo íbamos caminando, es un decir, la marea nos arrastraba, ella delante de mí, oscilante, mis ojos detrás, mirando lo mismo que miraba el ciego, mientras arrastraba su mirada muerta hacia ella, que lo cruzó como un fantasma, con su capucha negra, perdiéndose a su vez entre los ojos que miran pero que no ven.martes, 30 de octubre de 2007
modos de ver
descubrí al ciego, petrificado en su lugar, en el instante preciso, visual y matemáticamente exacto, en que le miraba el culo a una misteriosa mujer vestida de negro. ella y yo íbamos caminando, es un decir, la marea nos arrastraba, ella delante de mí, oscilante, mis ojos detrás, mirando lo mismo que miraba el ciego, mientras arrastraba su mirada muerta hacia ella, que lo cruzó como un fantasma, con su capucha negra, perdiéndose a su vez entre los ojos que miran pero que no ven.
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