domingo, 14 de octubre de 2007

confesión

él la vio irse. el bongó sobre su pierna y su mano derecha sobre esa cintura que ya no estaba. la otra mano apoyada en su sien, como entendiendo. la mirada de soslayo como arrepentido, pero sin poder confesarlo, viéndola irse. una brutal melancolía masculina estaba al acecho. sin embargo, cuando se cerró la puerta, él supo que era la decisión. tan exenta de dramatismo se había producido la escena que esa noche, esa misma noche, él lo supo todo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Aún, también en esas despedidas, llenas de dramatismo sin sonido, sin música, debe perdurar una conciencia vaga y la latente posibilidad de ser feliz.

Quien se va, quien se queda, descubre en ese momento, el poder de las cosas ausentes.

... como los finales de las mejores películas.

peter peters dijo...

así es Anna, como los finales de las mejores películas. Exactamente así.