doblé por la Rua da Souza, en pleno Sao Paulo, y encendí otro cigarrillo. tenía sed y buscaba un lanchonette para seguir tomando. cuando levanté la vista, la mocosa me miró desde el umbral de la puerta. detrás de ella un oscuro y largo pasillo. sonrió provocativamente, lamiéndose los labios con la lengua. tenía menos de 20 años y era tan remota como el cosmos. era una broma fantástica la mestiza. le mostré unos reales y empezó a caminar delante de mí, entre las penumbras de ese túnel.ella a metros de mí, dejándola alejar para exacerbar mi deseo. al llegar al final, ella tomó los arrugados billetes casi sin importarle y se me subió encima de un salto. abrumado, la sostuve con fuerza, sus piernas enredadas entre las mías, sus brazos alrededor de mi cuello, su boca mojándome la mía. la presioné contra la pared del oscuro pasillo y masajeé abajo frotando con desesperación. nuestros dientes chocaron, nos mordimos la lengua. entonces, la diosa fue inclinándose, lentamente, como a la hora de la oración, dejando las huellas de sus uñas sobre mi pecho y yo alejando mis dedos húmedos de su entrepierna. "estoy enfermo de amor, mortalmente enfermo", le dije cuando ella empezó a lamer.
(imagen / martin medori)
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