mi versión era un poco más extensa que la de Parker, aunque nunca la tocaba igual; dependía de esa noche y del alcohol que tuviera en las venas, amén de alguno que otro vicio encontrado por ahí. lo tocaba en mi Selmer alto, por lo tanto la textura era la misma; aunque más de una vez, como la trompeta acaramelada de Chet Baker que sonaba como un saxo, yo sonaba como él frente al gran Charlie, compitiendo por la primacía en cuestiones de seducción sonora y también de las otras.pero fue un golpe en el pecho primero y una seca sacudida después. quedé aferrado a mi saxo, como un niño a su juguete, y comencé a sollozar, agitándome en el dolor, en un estrépito de ridículas miradas con el público, de vergüenza ajena, de silencio final. ni los que me conocían tanto o me ignoraban a secas, ni yo ni nadie podíamos saber el porqué de ese llanto. me quedé tres minutos llorando en el escenario, con hipos de angustia y desgarraduras que hacían subir el tono, frente a la perplejidad de la gente. luego, mucho más tarde, cumplido ese siglo entre mi convulsión llorosa y la mano de alguien, supe que había seguido llorando en el camerín. a la madrugada me dormí, como dormido se queda un bebé después de la angustia, pero antes de hacerlo supe que había llorado de emoción.
1 comentario:
Muy bueno!!
Me gusta el
diseño, las fotos y los textos!!
Felicitaciones!!
Publicar un comentario