
se sentó en la barra. era un tipo grande, pero de edad indefinida. su mano derecha temblaba al encender el cigarrillo, cuando en los bares se podía fumar. luego susurró algunas palabras incomprensibles y pidió una copa de vino blanco, un chablis de los caros. no era hora para vinos, pero en fin, el barman sonrió debajo de la luz escenográfica y cambió una mirada cómplice con Ana, la hermosa camarera.él notó ese cruce y decidió ignorarlo. atinó a mover su taburete para acercarse a ella.
no debía tener más de 28 años, conflictos con su pareja estudiante de letras, distancia con su padre vigilante nocturno, envidias con su hermana bien casada y sueños de sentirse seducida por el arrebato de algún hombre maduro, lleno de dinero y frustraciones.
Ana lo miró y sonrió. vestía un traje arrugado de lino de Mancini, corbata de seda italiana y un reloj de platino de la nueva colección Patek Philippe. dejó a su lado un ejemplar de QC y se aflojó el nudo de la corbata Armani encendiendo otro cigarrillo negro francés.
ni siquiera puso cara de nada, le salió naturalmente, como si esa especie de actuación fuera parte de su estructura psíquica.
"¿cuanto pagarías por estar conmigo?", dijo curvando su cuerpo sobre el taburete. Ana rió repentinamente y tuvo que sostenerse del atril de la entrada para no perder el equilibrio.
"te hablo en serio", insistió.
ella, aprovechando el instante en que nadie entrada al bar, se acercó y apoyó su brazo sobre la barra.
"creo que te equivocaste de lugar querido, y de mujer. en todo caso, recién cuando te miré, pensé exactamente lo mismo. sólo que no te lo dije. me gusta fantasear, por eso soy tímida", afirmó irónicamente.
"estar conmigo no es justamente lo que creo que fantaseaste. me doy cuenta que no me conocés, no sabés lo que puedo darte", dijo él dando un sorbo a la copa.
Ana sonrío y en ese momento ingresó una pareja. atentamente la recibió y la orientó hacia un lugar privilegiado. cuando regresó, él volvió a hostigarla.
"veo que esa es tu función sobre este miserable y puto planeta. sin embargo yo puedo darte algo más"
"no quiero nada. siento que...."
"frases hechas. pura mierda", interrumpió. "puedo llevarte hacia al abismo, y cuanto estés por caer, tomarte de la mano para salvarte. eso es adrenalina, mi amor. pura pasión, puro vértigo, vas a terminar ahí, como nunca terminaste", dijo levantándose del banco y acercando su rostro hacia ella.
"estás muy sacado...", dijo ella suavemente entre risitas.
"puedo sacudirte, hacerte sentir que hay algo más que tu vida de todos los días, puedo entregarte al infierno y rescatarte cuando sientas que empezás a quemarte. puedo salvarte, una y otra vez, puedo amar hasta matarte y en esa salvación puedo hacer que le encuentres un puto sentido a tu vida".
"dejate de joder", dijo. pero lo dijo no muy convencida. es más, lo dijo como una mujer a punto de ser seducida, pestañeando como una muñeca y refregando apenas la lengua por sus labios.
"¿sabes qué nena? puedo desnudar tu pequeña alma, meter mi puño y arrancarte el sentimiento más oscuro, más instintivo, más puro, ese que puede llevarte al paraíso o al infierno, el mismo destino".
Ana tragó saliva y esta vez se mantuvo seria. él aspiró su cigarrillo y fue tan fuerte la carga de sensualidad de su mirada que todas las mujeres del bar parecieron suspirar al mismo tiempo.
"puedo hacer que te ordenen una ensalada de pecados con una buena copa de vino santo, ¿sí?, sangre de cristo, un buen chablis, sangre blanca, ¿ok?, sangre de santo, para que te crucifiques en tu goce, ay, soy capaz de multiplicar tus orgasmos mocosa, de crearte dependencia. soy capaz de eso, de eso y de mucho más", afirmó y miró hacia la calle, como restándole importancia a lo dicho.
hubo un silencio. Ana sintió que el rubor le laceraba el rostro y desapareció en dirección al baño. frente al espejo, mirada contra mirada, se quedó paralizada, sin dejar de escuchar aquellas palabras.
volvió decidida. pero en la barra sólo habían quedado los restos de una marquilla de Gitanes, la revista QC y una tarjeta bien diseñada donde leyó Antonio Scarleti, Ceo, Erotic Fantasy Co. un número de celular, un email, la dirección de una web y su copa de vino a medio beber.
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